Cuba representa para mi? Los años de mi primera infancia donde me formé y aprendí a crecer. Desde la toma castrista, Cuba representa tristeza, injusticia y lamento.Yo no es que esté indignado sino que vivo indignado, no solo por la total ausencia de libertades que existe en mi patria sino por la impunidad más absoluta de la tiranía cubana en cuanto a los métodos que usa para aplastar a todo aquel a quien se opone a su régimen dictatorial ========================================================
América Latina, Guerrillas y Soberanía Nacional
América Latina, Guerrillas y Soberanía Nacional
JESUS HERNANDEZ CUELLAR
Con una idea fija en su mente, el soldado entró en la escuela y, por órdenes estrictas del general René Barrientos, presidente de Bolivia, disparó una ráfaga de ametralladora en el cuerpo del insurgente. Fue el fin de Ernesto "Che" Guevara, símbolo del movimiento guerrillero latinoamericano. Era el 9 de octubre de 1967. Ese fin, sin embargo, no significó siquiera una pausa en las intervenciones de Cuba en los asuntos internos de una gran cantidad de naciones de América Latina y del resto del Tercer Mundo. La meta era clara: hacer la revolución continental en aras del socialismo.
Durante una visita a Brasil a principios de la década de los 90, el propio Fidel Castro, gobernante cubano desde 1959, admitió que Cuba había intervenido en todos los países latinoamericanos en apoyo a los movimientos guerrilleros, con "la sola excepción de México".
Castro, artífice del traslado de la Guerra Fría al Hemisferio Occidental, sólo consiguió ver coronado su propósito con la victoria del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) de Nicaragua, en julio de 1979. Para esa fecha, Castro había contado durante dos décadas con el respaldo político, económico y militar de la Unión Soviética, potencia enemiga de Estados Unidos desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. El caudillo cubano contaría con ese apoyo, subsidios superiores a los seis mil millones de dólares al año, durante otros 10 años.
Para la izquierda radical, la revolución latinoamericana fue una épica justificada por la explotación que habían sufrido obreros y campesinos a manos de las oligarquías y por las dictaduras militares de derecha. Para otros fue un baño de sangre inútil, con el fin de imponer en el continente regímenes autoritarios como el de Cuba, de corte marxista-leninista. Mucho se ha dicho de los crímenes de los regímenes militares del cono sur americano y de paramilitares y soldados centroamericanos, pero muy poco se ha diviulgado de los que cometieron los grupos de la izquierda radical, apoyados por La Habana y Moscú. Mucho se ha culpado también a Estados Unidos de intervenir en los asuntos internos de los países latinoamericanos, pero apenas se han investigado las intromisiones cubanas y soviéticas en la región.
Testimonios y Cifras
"Una de nuestras consignas era hacer de la cordillera de los Andes la Sierra Maestra de América Latina, donde, primero, hubiéramos fusilado a los militares, después a los opositores, y luego a los que se opusieran a nuestro autoritarismo; y soy consciente de que yo hubiera actuado de esa forma", destaca en su libro El Furor y el delirio el cubanoargentino Jorge Massetti, ex guerrillero, ex miembro de los servicios de inteligencia cubanos e hijo de Jorge Ricardo Massetti, fundador de la agencia oficial cubana Prensa Latina, este último muerto durante una fallida expedición guerrillera en Salta,
Argentina, en 1964.
"La revolución ha sido un pretexto para cometer las peores atrocidades quitándoles todo vestigio de culpabilidad. Nos escudábamos en la meta de la búsqueda de hacer el bien a la humanidad, meta que era una falacia, porque lo que contaba era la belleza estética de la acción", cuenta Massetti, hoy día exiliado en Francia.
"Eramos jóvenes irresponsables, aventureros; éramos una casta aparte, incluso aparte de los revolucionarios que operaban localmente en sus países", subraya el ex guerrillero, actualmente un fuerte crítico de Fidel Castro, refiriéndose a los agentes que actuaban bajo el mando directo de La Habana.
La abogada argentina Victoria Villarruel, presidenta del Centro de Estudios Legales sobre el Terrorismo y sus Víctimas en un artículo publicado el 19 de mayo de 2008 en el diario La Nación, asegura que "en la Argentina existieron 17 organizaciones armadas, cuyos integrantes terminaron, en gran parte, fusionados en Montoneros o en el ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo)".
"Ellos recurrieron a los atentados como una táctica en su lucha para obtener el poder. Fueron responsables de más de 21 mil atentados terroristas", señala la activista.
"Las víctimas de estos actos terroristas continúan sin gozar de sus derechos a la verdad, la justicia, la reparación y la paz. El Centro de Estudios Legales sobre el Terrorismo y sus Víctimas (Celtyv) trata de subsanar esta terrible injusticia. Investiga los casos, los documenta, entrevista a las víctimas, a sus familias, recopila material de época y difunde, tanto en la Argentina como en el exterior, lo que realmente ocurrió aquí, cuando las organizaciones terroristas agredieron a toda la sociedad", subraya Villarruel.
Pero en Argentina, en abril de 2009, la Cámara Federal de Apelaciones de Rosario, abrió un debate sobre los presuntos crímenes de los grupos guerrilleros, al considerar el secuestro y asesinato del coronel Arturo del Valle Larrabure como un posible caso de crimen de lesa humanidad en pleno gobierno constitucional de la presidenta Isabel Martínez de Perón.
El 10 de agosto de 1974, Del Valle Larrabure fue secuestrado por un comando del ERP en un asalto a la fábrica militar de Villa María, en la provincia de Córdoba. El grupo lo mantuvo prisionero en una "cárcel del pueblo" durante 372 días. El objetivo del comando era obligar al militar a fabricar explosivos para la guerrilla. Del Valle Larrabure se negó, fue torturado y finalmente ahorcado. Su cadáver apareció en Rosario el 23 de agosto de 1975.
Las "cárceles del pueblo" eran pequeños espacios, en algunos casos pozos angostos en los que los Montoneros, el ERP y otros grupos guerrilleros suramericanos mantenían cautivos a los secuestrados en condiciones infrahumanas.
El joven investigador argentino Agustín Laje Arrigoni cita en un artículo publicado en la página web VerdaderaHistoria.com, dos atentados muy conocidos en Argentina, ocurridos en la década de los 70. El estallido de una bomba que voló en pedazos la Superintendencia de Seguridad Federal, con saldo de 18 muertos y 66 mutilados, y la voladura del Comedor de Seguridad Federal mediante una bomba que los Montoneros colocaron debajo de una mesa, hecho que provocó la muerte de 16 personas y heridas a otras 65.
Laje Arrigoni destaca que de los 21.665 atentados terroristas que experimentó Argentina entre 1969 y 1979, 52 por ciento de ellos ocurrieron en períodos democráticos. Estos atentados dejaron un saldo total de 1.501 muertos, de los cuales 40 por ciento fueron civiles ajenos al conflicto armado.
Otro acto muy conocido que se atribuye a los insurgentes argentinos fue el de la joven Patricia Gay, quien presenció a la edad de 14 años el asesinato de sus padres a manos de un comando guerrillero. Gay nunca se recuperó de lo vivido y se suicidó el 5 de octubre de 1993.
En el Resto del Continente
Uruguay no estuvo ajeno a la violencia revolucionaria. La noche del 14 de abril de 1972 miembros del movimiento Tupamaros asesinaron a un profesor, a un subcomisario, a un agente policial y a un capitán de la Armada, por lo cual se desató un verdadero estado de guerra en la pequeña nación suramericana, con saldo de miles de muertos. Los tupamaros se habían estado organizando a lo largo de la década de los 60, cuando Uruguay tenía apenas 12 mil soldados y 22 mil policías para garantizar la seguridad de una población de aproximadamente tres millones de habitantes. Robaban bancos y hacían secuestros para cobrar rescates. La respuesta militar oficial no se hizo esperar, y el largo período democrático de Uruguay se convirtió en una dictadura que finalmente aplastó al grupo.
En Chile, el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) se fundó el 15 agosto de 1965, también en medio de una sociedad democrática, mucho antes del golpe de estado de los militares encabezados por el general Augusto Pinochet contra el presidente Salvador Allende, el 11 de septiembre de 1973.
En los años siguientes el MIR intensificó su acción armada con sabotajes y asaltos, y con la ejecución física de militares y civiles. Este grupo no abandonó la lucha armada hasta el 15 de agosto de 1997, el día de su aniversario número 32, siete años después del retorno a Chile de la democracia.
Por su parte, el Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR) se fundó después del golpe militar chileno como brazo armado del Partido Comunista de Chile. Tras un largo período de instrucción guerrillera y política en Cuba y otros países de Centroamérica, el FPMR comenzó su ola de acciones armadas el 14 de diciembre de 1983, con un apagón que afectó la zona central de Chile.
Sólo enntre diciembre de 1983 y octubre de 1984, el FPMR ejecutó 1.889 acciones desestabilizadoras, algunas de ellas con envergadura muy superior a las que hasta entonces había realizado la militancia comunista. En total, este grupo realizó 1.138 atentados con explosivos, 229 sabotajes, 163 asaltos a mano armada, 36 atentados selectivos y 47 sabotajes mayores. En total las acciones del FPMR dejaron un saldo de 847 muertos y 5.469 heridos, principalmente carabineros de baja graduación y algunos agentes de la Central Nacional de Informaciones, según datos oficiales. El 7 de septiembre de 1986, el FPMR estuvo a punto de matar a Pinochet durante un espectacular atentado con fusiles M16 y lanzacohetes LAW. El general salió ileso gracias a la pericia de su chofer, con leves heridas en una mano. Cinco escoltas murieron.
Desde mucho antes del atentado, la reacción de los gobiernos militares suramericanos había sido enérgica, violenta, en el afán de frenar el avance de las guerrillas urbanas. Se puso en marcha la llamada Operación Cóndor en 1975. Participaron los gobiernos de Argentina, Chile, Uruguay, Paraguay, Bolivia y Brasil. Ecuador y Perú se integraron posteriormente en roles secundarios. Se estima que el resultado de la operación fue de 50 mil muertos, 30 mil desaparecidos y 400 mil encarcelados.
Colombia y Centroamérica
Más hacia el norte, Colombia ha sido posiblemente la nación más afectada por los movimientos guerrilleros. Las mundialmente famosas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) son las guerrillas más antiguas del continente. Dirigidas desde antes de tomar su nombre actual por el ahora fallecido Manuel Marulanda Vélez (Tirofijo), este grupo comenzó sus actividades como brazo armado del Partido Comunista de ese país suramericano. Con el fin de la Guerra Fría a principios de los 90, las FARC quedaron sin apoyo y se involucraron intensamente en el tráfico de drogas, al punto de que el Partido Comunista se apartó de ellas. Diezmadas pero todavía activas, las FARC se encuentran en las listas de grupos terroristas de Estados Unidos, Canadá, la Unión Europea y el propio gobierno colombiano. Cuenta todavía con unos seis mil efectivos. El sumario de atrocidades cometidas por este grupo ha provocado un fuerte rechazo del pueblo colombiano.
También en territorio colombiano opera el Ejército de Liberación Nacional (ELN), con un historial similar. El ELN, sin embargo, ha sostenido pláticas de paz con el gobierno con vistas a integrarse a la vida civil. Previamente, el Movimiento 19 de Abril (M-19) depuso las armas y se incorporó al vida democrática colombiana como partido político.
A lo largo de la década de los 80, Centroamérica se mantuvo como la última esperanza del movimiento guerrillero latinoamericano, tras el triunfo sandinista en Nicaragua. Pero, igualmente, el fin de la Guerra Fría y la desintegración de la Unión Soviética como nación, así como la derrota electoral de los sandinistas en 1989, debilitó el apoyo que recibían las guerrillas salvadoreña y guatemalteca. Tanto el Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN) de El Salvador como la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG), coalición de tres grupos rebeldes que combatieron durante 30 años, se integraron a la vida civil.
Sólo en Guatemala, el saldo total de la guerra fue espantoso: 130 mil asesinatos, 45 mil desaparecidos, un millón de desplazados internos, medio millón de refugiados en México, 440 poblaciones desaparecidas. Se calcula que la guerra civil en El Salvador dejó un saldo de 75 mil muertos y desaparecidos, cifra equivalente al dos por ciento de la población de aproximadamente 4.5 millones de habitantes que tenía el país durante la década de los 80. Tanto la derecha como la izquierda han sido responsabilizadas por estos actos de violencia, en ambos países.
Pero, ¿quién se encargó de organizar, entrenar, financiar y armar a la mayor parte de los grupos urbanos y rurales de la izquierda radical?
Laberintos y Personajes
Manuel Piñeiro, comandante de la revolución cubana y jefe militar de Santiago de Cuba tras el triunfo de 1959, asumió la jefatura de la Dirección General de Inteligencia del gobierno cubano en 1961. Desde esa posición, Piñeiro, conocido también como "Barba roja", emprendió la difícil misión de desarrollar la expansión de grupos guerrilleros de la izquierda radical en América Latina. En 1965, Piñeiro recibió en su oficina de La Habana a un personaje singular, Markus Wolf, director de la policía secreta de la Alemania comunista, también conocida como la Stasi. La misión de Wolf era asesorar a Cuba en la tarea de crear una Dirección General de Inteligencia, nueva y eficiente. Curiosamente, los servicios de espionaje occidentales no conocieron la verdadera identidad del superespía alemán hasta 1979.
Piñeiro dirigió el aparato de inteligencia cubano y la misión de exportar la revolución a los países del Tercer Mundo durante más de 30 años, en diversos cargos oficiales. Uno de los últimos fue el de jefe del Departamento de América del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, conocido también como el "ministerio de revoluciones". Sin duda alguna, fue el hombre más involucrado en el entrenamiento guerrillero en territorio cubano, envío de armas y dinero, y apoyo logístico a los grupos rebeldes, así como en la infiltración de espías cubanos en todo el mundo, inclusive dentro de Estados Unidos, donde algunos desertores han dicho que a la altura de la primavera de 2009 operaban más de 200 agentes de Castro.
Montoneros argentinos, tupamaros uruguayos, macheteros puertorriqueños, sandinistas nicaragüeneses e integrantes del Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN), ambos ahora en el poder en Nicaragua y El Salvador por la vía democrática, y del Ejército de Liberación Nacional (ELN) de Colombia, de una manera u otra, pasaron por las manos de "Barba roja".
Las técnicas de infiltración iban desde el formidable maquillaje que transformó al Che Guevara de joven guerrillero en anciano empresario, para poder entrar clandestinamente en Bolivia en 1965, hasta poner armas norteamericanas en las manos de los grupos rebeldes para que Cuba y la Unión Soviética no fuesen acusadas por Estados Unidos de suministrar apoyo militar a los insurgentes.
El ex agente de la inteligencia cubana, mayor Manuel de Beunza, declaró a Contacto Magazine a mediados de los 90 que Cuba utilizó una estrategia especial para suministrar armas al FMLN de El Salvador.
"Los barcos mercantes cubanos recogían toneladas de armas abandonadas por los norteamericanos en Vietnam, y luego las trasladaban a través del Cuerno de Africa, para no pasar por el Canal de Panamá. Finalmente las descargaban en Nicaragua, desde donde los sandinistas las pasaban a territorio salvadoreño controlado por la guerrilla", narró De Beunza.
El propio Piñeiro podría no haber logrado escapar de los oscuros y permanentes laberintos conspirativos de los servicios de inteligencia cubanos. Sabía demasiado. Murió en un misterioso accidente automovilístico el 11 de marzo de 1998, tres días antes de cumplir 65 años de edad y horas después de haber recibido un homenaje por el 40 aniversario de la creación del Frente Oriental al cual perteneció durante la guerra revolucionaria cubana. Su auto se estrelló contra un árbol cuando se dirigía hacia su casa.
Años después del fin de la Guerra Fría, en 1997, un grupo de sovietólogos franceses de izquierdas publicó un documento histórico, El libro negro del comunismo. En ese volumen, los autores atribuyen 100 millones de muertos a los regímenes comunistas, entre matanzas y hambrunas, y a los grupos irregulares que pretendían conquistar el poder por las armas, entre ellos guerrillas latinoamericanas muy conocidas.
Fuente: http://www.contactomagazine.com






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