Juan O. Tamayo
Con el fin de dejar a un lado las quejas de que la Iglesia Católica cubana colaboró en el envío al exilio en España de más de 100 presos políticos, un portavoz del arzobispado de La Habana publicó hoy un recuento de las conversaciones entre los jerarcas católicos y el gobierno de la isla que condujo a la liberación de los disidentes.“Es incorrecto afirmar que fueron forzados al exilio, u obligados a viajar como condición para no seguir en prisión. Más incorrecto aún es decir que el gobierno cubano y la Iglesia se aliaron para desterrar a estas personas”, escribió el portavoz Orlando Márquez.
La verdad, agregó Márquez, es que las Damas de Blanco —familiares de los presos políticos— pidieron que a los hombres encarcelados se les permitiera abandonar el país si así lo querían, y el gobierno estuvo de acuerdo.
Márquez, director de comunicaciones del Arzobispado de La Habana, escribió el informe y lo colgó en la versión por internet de Palabra Nueva, la revista que dirige.
El cardenal Jaime Ortega, que es también arzobispo de La Habana, ha sido acusado recientemente de ayudar al gobierno de Raúl Castro a enviar a 115 presos políticos, que han sido liberados en el ultimo año, al exilio en España.
Márquez escribió que las acusaciones se basan en errores o en “mentiras intencionales” y que ahora es el “momento oportuno, cuando ha transcurrido más de un año desde que se inició el proceso de diálogo entre la Iglesia y las máximas autoridades del país que ha tenido como uno de sus resultados la excarcelación de más de cien ciudadanos cubanos, referirse a estas excarcelaciones y expresar de modo sintético cuál ha sido el papel de la Iglesia”.
La mediación de Ortega comenzó cuando se reunió el 12 de mayo del 2010 con cinco miembros de las Damas de Blanco, familiares de los 52 disidentes encarcelados en ese momento de un grupo de 75 que fueron detenidos en el 2003, escribió Márquez.
Turbas a favor del gobierno acosan a las mujeres con una mayor virulencia cuando caminan por las calles de La Habana domingo tras domingo, y “la iglesia está convencida que le corresponde actuar para poner fin al acoso”.






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